miércoles, 25 de abril de 2012

Diciembre 2011 - Nota de investigación: Problemáticas en Parque Patricios (CF)



Vecinos preocupados por la inseguridad en Parque Patricios
La migración barrial que se suscita en el barrio porteño de Parque Patricios se ha convertido en un problema de los últimos años. Según los vecinos, la presencia de los habitantes no residentes en la zona, ha alterado y modificado la vida cotidiana del pintoresco lugar, volviéndola insegura.
Para los habitantes de Parque Patricios la inseguridad no es un tema menor. Al ser vecinos directos de una villa de emergencia, se sienten amenazados y vulnerables a sufrir cualquier tipo de agresión o robos. Esta preocupación surge a partir de que, según la Policía Federal, la villa de emergencia vecina es el lugar de residencia de un gran número de delincuentes y uno de los centros de venta de droga más importante de la Capital Federal.
El barrio de Parque Patricios está delimitado por Avenida Entre Ríos, Avenida Vélez Sarsfield, Avenida Amancio Alcorta, Cachi, Avenida Almafuerte, Sánchez de Loria y Avenida Juan de Garay. Ocupa una superficie de 4 km2 y reside una población de 48000 habitantes (datos tomados de www.buenosaires.gov.ar). A pocas cuadras, hacia el sur del barrio, se encuentra la villa 21 o, también llamada, villa Zavaleta. Según los datos aportados por la comisaría 32 que vigila la zona, la población de esta villa es de 90000 habitantes. Debido a la proximidad con Parque Patricios, quienes viven en la villa se han convertido en habitantes no residentes del barrio: deambulan a cualquier hora-principalmente de noche- e intranquilizan a los vecinos por el hecho de que suelen estar drogados, revolviendo basura, ensuciando la vía pública y, algunos, cometiendo ilícitos.
Para Sandra, de 45 años, vecina y comerciante de Av. Caseros al 2900, “la llegada de gente proveniente de la villa que está cerca de acá trae problemas porque no todos los que vienen, vienen con buenas intenciones. La mayoría viene a robar, revolver la basura, vender droga, y asustar a los vecinos”, dijo la dueña del local de ropa para bebés, que vivió toda su vida en el mismo lugar. Sandra, contó que “ahora ya no podés tener el local con las puertas abiertas; sí o sí tenés que cerrar la puerta con llave, poner un cartel que indique que sí se atiende, y prestar mucha atención sobre la persona a la que le abrís la puerta”. Como en el local de Sandra, se puede observar en diferentes locales, que sea la hora que sea, los comerciantes prefieren atender con las puertas cerradas. En el caso de los kioscos de golosinas y bebidas, algunos optan por atender a través de una ventana con rejas y no dejar ingresar a nadie al local.
En el caso de Alejandra, de 28 años, que es empleada de una tómbola ubicada en la esquina de La Rioja y Cátulo Castillo, se encuentra “trabajando tras las rejas”. Lo que sucede es que, tras varios robos sufridos por la tómbola, el dueño del local decidió enrejar el mostrador de atención al público. Además, instaló un portero eléctrico para que quien quiera ingresar, primero deba tocar el timbre. Según Alejandra, “muchos de los que vienen desde la villa, a veces, se quedan todo el día y hasta pasan la noche acá. Cuando venís caminando a la mañana, los ves tirados en las veredas, rodeados de basura y perros, y la mayoría drogados. También podes ver a madres muy jóvenes, con tres o cuatro nenes durmiendo y ellas drogadas”. La joven aseguró que “se te parte el alma de verlos así, pero si los intentás ayudar corres el riesgo de que te hagan algo por lo pasados de droga que están”. En esta encrucijada de querer ayudar y tener miedo de ser agredidos, muchos vecinos y comerciantes de la zona coincidieron en que ellos optan por no hacer nada, ya que las experiencias no han sido tan buenas y sólo han logrado generar más miedo por esta situación.
Por el contrario, Rubén, un estudiante de derecho de 22 años, que vive en la calle Patagones al 2400, habla de la misma situación pero muestra otra posición. “Yo durante el día no estoy en casa, vuelvo como a las 7 de la tarde y siempre en la esquina hay un grupo de nenes, entre 8 y 12 años, que están revolviendo la basura. Los chicos la verdad son muy tranquilos, más allá de todo no dejan de ser niños; suelo darles algo de comida y nunca tuve problemas con ellos”,dijo Rubén. Para este joven estudiante de derecho, se presentan dos problemas. Por una parte, “cuando revuelven la basura, después dejan todo desparramado por la vereda y la calle, y eso lógicamente genera molestias para quien transita”;y, por otro lado, al estar en una zona “turbia”, el flagelo de la droga se hace“insostenible”. Rubén puso como ejemplo al mismo grupo de niños, y dijo: “los dos más grandes, que calculo no tienen más de 12 años, empezaron a drogarse, y es muy probable que los más chicos lo hagan en un futuro no muy lejano”.
Otro problema que se les presenta a los comerciantes, es que en los últimos meses, jóvenes que visten con el uniforme de los empleados de limpieza de la vía pública, pasan vendiendo bolsas de residuos y, al llevar ese uniforme, brindan la confianza a muchos para abrirles la puerta. Una vez adentro del local, los comerciantes aseguraron que son presionados para comprar 10 bolsas de nylon a 40, 50 o hasta 60 pesos. Si se niegan a comprarles por el alto precio al cual pretenden vender las bolsas, son amenazados y obligados a entregar cualquier suma de dinero. Los clientes de una pescadería de Av. Caseros, contaron que han pasado por situaciones en las que estos supuestos vendedores de bolsas (o de cualquier otro tipo de producto), los han presionado a ellos también para entregar dinero.

Progreso, orgullo y preocupación

Parque Patricios es un barrio que se caracterizó siempre por una gran impronta cultural. Escritores, pintores, cantantes, deportistas, y diferentes figuras del espectáculo han residido y transitado sus calles. Se destaca por poseer casas bajas, de familias en su mayoría trabajadoras de clase media. Posee importantes hospitales públicos: el Hospital Policial Churruca, Hospital General de Agudos Dr. Penna, Hospital Materno Infantil Ramón Sardá, Hospital de Agudos Francisco Muñiz, Hospital de Gastroenterología Dr. C. A. Cena, y el Hospital Nacional de Pediatría Dr. Garrahan. Cuenta con fábricas y empresas de transportes, y ha sido designado como polo tecnológico de la Capital Federal este último año. Además, una de sus manzanas está ocupada por El Palacio: el Estadio Tomás Adolfo Ducó perteneciente al Club Atlético Huracán.
El capital simbólico más importante del barrio es el Parque de los Patricios, además del Parque Florentino Ameghino y las plazas José C. Paz y Nicaragua, que han sido restaurados y rehabilitados para ser usados por los vecinos como espacios de esparcimiento, recreación y de deportes. Obra realizada por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Allí se pueden observar niños, jóvenes, adultos y abuelos, que pasan
sus tardes al aire libre.
La última novedad en el barrio ha sido la llegada del subte, la línea H, cuya apertura ha mejorado y agilizado notablemente el sistema de transporte y comunicación según los testimonios de quienes viven y/o trabajan en el barrio. Además, también hay diferentes líneas de colectivos y cuentan con el ex ferrocarril General Belgrano, que pasa por el lado sur del barrio.
Entre tantos atributos de los cuales los vecinos se sienten orgullosos, surge la preocupación por la gente de la villa vecina que circula por el barrio. Para los vecinos y comerciantes, los problemas de inseguridad, droga e indigencia que se pueden observar por las calles vienen exportados desde la villa de emergencia Zavaleta.
Luego de varias quejas y gran número de denuncias, el gobierno nacional, desde el Ministerio de Seguridad, decidió incluir al barrio dentro del Plan Unidad Cinturón Sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esto llevó a que la Prefectura Naval Argentina se instale en el lugar el 4 de julio de este año. (Ver recuadro). Además, la policía Metropolitana también ha sido afectada a cubrir la seguridad de la zona y así, se encuentran trabajando tres fuerzas de seguridad dentro del mismo barrio: Policía Federal, Policía Metropolitana y Prefectura. Según Gustavo, un peluquero de 61 años que vive y trabaja en el barrio, “apenas llegó la prefectura, las cosas se habían calmado un poco. Ahora yo veo que paulatinamente vuelven a suceder las cosas de antes, porque la Prefectura no está hecha para la calle y los delincuentes ya se dieron cuenta de cómo esquivarlos. Por ahora creo que estamos en un tiempo de receso con la Prefectura en la calle, pero a penas los saquen de acá, vamos a volver a la incertidumbre con la que vivíamos antes. Yo no me quiero ir de mi barrio, crecí acá y acá quiero morir, por eso me apena que cada vez se viva con más miedo”, aseguró Gustavo.

Prefectura: la voluntad de ayudar, la imposibilidad de hacerlo


Para aclarar la situación, el Ayudante Principal de la Prefectura y Coordinador de la comisaría 32 de Parque Patricios, Juan Cabrera, contó cómo es el manejo de la Prefectura en el lugar.
Según el oficial Cabrera, se mandó a la Prefectura a suplir a la Policía Federal que opera en el lugar, por el simple hecho de que conforman el grupo de fuerzas federales del país. “Por esa razón también movieron a la Gendarmería; además de nosotros, no existen otras fuerzas federales”, dijo Cabrera.
El 4 de julio de este año, el barrio vio el arribo de 300 efectivos de la Prefectura Naval Argentina, acompañados de 14 patrulleros, que rápidamente fueron divididos en 13 sectores para volver más eficiente el control de la seguridad y el orden público. De los 90 efectivos de la Policía Federal que trabajaba en el lugar, sólo 10 quedaron en la
comisaría, y el resto fue reubicado en otros barrios de la Capital. (Datos aportados por la comisaría 32).

El miembro de la Prefectura entrevistado, Juan Cabrera, coincidió y ratificó lo dicho anteriormente por el señor Gustavo, vecino y peluquero del barrio. Según explicó Cabrera, cuando llegó la Prefectura en julio, se produjo la saturación del delito. Desde septiembre hasta ahora, el nivel de delitos e ilícitos cometidos ha aumentado en forma lenta pero progresiva. “Si bien no se volvió a los picos máximos de inseguridad que existían en el lugar cuando nosotros llegamos, se puede ver que a diferencia de julio, los delincuentes ya han tenido tiempo de ingeniárselas para burlar a la autoridad”, expresó el agente Cabrera.

Para el Coordinador de la comisaría 32, existen dos problemas. Por un lado, para poder tener 300 efectivos caminando por Parque Patricios, hizo falta movilizar miembros de la Prefectura que estaban en diferentes canales fluviales del país. Así, puede verse un oficial de la Provincia de Misiones circulando por Av. Caseros, que de lo único que tiene certeza es que se encuentra en Parque Patricios. Muchos de los agentes que provienen del interior nunca antes habían estado en el barrio y por ello tienen un total desconocimiento de la zona. “Lo complicado no es que estén caminando por Av. Caseros, sino que tengamos que hacer un operativo y alguno de ellos deba ingresar en la villa; ahí, no conocen cómo se manejan los residentes, y tenés pasillos angostos de 150 metros de largo, y no sabés qué te puede pasar, con qué te vas a encontrar, y si vas a poder salir o no”, explicó Juan Cabrera.

Por otra parte, el segundo problema que señala Cabrera es que la Prefectura, si bien es fuerza de seguridad federal, no está preparada teóricamente en cómo debe actuar en las calles, ni cómo deben ser los trámites administrativos con los que se manejan, por ejemplo, las denuncias por violencia familiar o accidentes de tránsito. En la comisaría 32 existe la presencia de 10 agentes de la Policía Federal que intentan llevar adelante la parte administrativa y ayudan en lo posible a los miembros de la Prefectura, pero no dan abasto. Cuando ocurren episodios diferentes en forma simultánea, ellos no pueden movilizarse hacia el lugar. Así, los operativos son llevados a cabo por los agentes de Prefectura que reciben por radio las sugerencias de los policías federales que están en la comisaría, o simplemente, según los razonamientos a los que arriban cuando están frente a los hechos los mismos miembros de la Prefectura.
La Policía Metropolitana, creada por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, también está presente en el lugar. Trabaja en conjunto con la Prefectura, y, a diferencia de ellos -según Cabrera- tienen conocimiento de cómo deben llevarse a cabo las acciones en las diferentes situaciones. El inconveniente que se le presenta a la Policía Metropolitana es que aún no cuentan con un espacio físico propio donde instalarse, ya que el mismo todavía está en proceso de construcción. De esta forma, cuando un vecino llama al Sistema de Emergencias 911, no tiene la certeza si arribará un patrullero de la Prefectura, de la Policía Metropolitana, o alguno de los que posee la Policía Federal, que aún se encuentran en la zona.


Tanto vecinos como las fuerzas de seguridad se encuentran en total desconocimiento de hasta cuándo permanecerá la Prefectura en el lugar. “La decisión viene de arriba, del Ministerio de Seguridad. Lo único que sabemos es que tenemos que esperar que nos digan que nos vamos, así levantamos nuestras cosas y retornamos a nuestros originales y correspondientes puestos de trabajo”, dijo Cabrera. Además, agregó: “para mí, quienes se van a terminar encargando de esta zona van a ser los de la Metropolitana. Ellos saben lo que tienen que hacer, están preparados para esto, conocen la zona y dentro de poco van a tener su propia dependencia en el barrio”, concluyó el Ayudante Principal de Prefectura.
Los vecinos aseguran que, por el momento, sólo saben que su barrio se encuentra en crecimiento y progreso. Lo único que esperan es que el crecimiento y el progreso también se vea reflejado en el sistema de seguridad.

Por Laura Ruesja.

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